sábado, 27 de noviembre de 2010

QUIÉN ES QUIÉN EN RAGTIME. EMMA GOLDMAN

EMMA GOLDMAN
(27 de junio de 1869 – 14 de mayo de 1940).


Célebre anarquista de origen lituano conocida por sus escritos y sus manifiestos libertarios y feministas, fue una de las pioneras en la lucha por la emancipación de la mujer.
La rebeldía de Emma Goldman se gestó originalmente en la Rusia zarista donde nació en el seno de una familia judía de Kaunas en Lituania, que regentaba un pequeño hotel.

En sus Memorias recuerda a su padre, un trabajador que vivía en el ghetto judío, como “la pesadilla de mi infancia". Su madre, continuamente brutalizada por su marido -lo que era perfectamente legal en la legislación zarista-, tenía totalmente asumido el papel de mujer sumisa, atada a las tradiciones y costumbres. El padre se quejaba constanteme
nte de que Emma no hubiera sido el niño que él esperaba y preparaba para ella un destino idéntico al que conocía su madre.

Desde luego, esto no era precisamente lo que soñaba Emma. Su paso por la escuela primaria fue brillante y conflictivo. Por un lado demostraba poseer una inteligencia natural así como también su lucha idealista por romper con el machismo. Esto último fue lo que denegó su permiso para acceder a la enseñanza secundaria
y con ello vio truncadas sus aspiraciones de ser médico.

Tenía trece años cuando durante el periodo de represión política que siguió al asesinato de Alejandro II su familia se trasladó a San Petersburgo que era ento
nces el centro industrial e intelectual de todas las Rusias. Inmediatamente comenzó a ganarse la vida trabajando como obrera y al poco tiempo tuvo relaciones con miembros del movimiento nihilista que conocía por aquella época su apogeo, destacando en su interior una impresionante hornada de mujeres antizaristas.

En 1884 su padre arregló a muy «buen precio" su boda y creyó con ello poder domesticar al fin a su indómita hija que contaba entonces con apenas quince años, pero no fue así, Emma no consintió y amenazó con lanzarse al helado Volga sí la obligaban. Su padre tuvo entonces que ceder, pero las tensiones con él fueron agravándose hasta que un año después Emma pudo
huir a América, la «tierra prometida" para tantos rusos y sé estableció en Rochester junto con su hermana mayor, lugar en donde conoció la soledad y la derrota, además de vivir en malas condiciones. Al fin encontró trabajo en una fábrica y al poco tiempo después acabó casándose con Jacob Kershher, otro emigrante ruso y compañero suyo de trabajo, amable y cariñoso, pero que a la postre resultó ser un marido convencional igual a su padre y que acabó haciéndosele insoportable.

Como una forma de liberar su rabia, sus primeros años de casada la llevaron a frecuentar indistintamente los medios anarquistas y marxistas, pero tras un breve espacio de tiempo de indecisión tomó partido por los primeros,
fuertemente influenciada por el caso del ahorcamiento de cuatro anarquistas (“Mártires de Chicago”) a consecuencia del motín de Haymarket, y que animó a la joven Emma Goldman a unirse al movimiento anarquista y convertirse, a sus 20 años, en una auténtica revolucionaria.

Lo primero que hizo fue separarse de su primer marido e irse a New York. Aquí conoce a un ex marxista alemán llamado Johann Most, quien había sido expulsado del Partido Socialdemócrata alemán por su ´extremismo´.
El propiciaba la teoría de la ´propaganda por el hecho´, es decir de la acción terrorista contra la injusticia y quienes la representaban. Todo esto atrajo fuertemente a Emma, quien se convirtió en su discípula y también en su amante. Sin embargo, Goldman comenzó a cuestionarse ambos roles además de las ideas de Most. Ella creía que no era necesario usar la violencia para conseguir los fines.

La ruptura de ambos generó que se produjera una crisis en uno de los sectores del anarquismo norteamericano, siend
o los que la siguieron a ella la parte que se abrió al movimiento real y que huyeran del ghetto de los sectores de inmigrantes.

El lugar que había dejado vacío Johann no tardó en ser ocupad
o y esta vez por dos hombres a la vez. Se trataba de Alexander Berkman, que desde entonces pasó a ser su compañero casi inseparable, y un pintor también de origen ruso como Berkman y con los que estableció un menage a trois que transcurrió sin incidentes internos pero que al puritanismo norteamericano le pareció el colmo de la perversidad.
Convertida en la principal dirigente del movimiento anarquista de los Estados Unidos todo se complicó sin embargo cuando Alexander Berkman, profundamente indignado por una masacre que la patronal había ocasionado entre los obreros decidió ejecutar por su propia cuenta a Henry Clay Frick, un “tiburón de la industria. Protagonista de una gran campaña en defensa de su compañero y amante, demostró ser una soberbia oradora con una gran fuerza y convicción, aunque a pesar de todo no pudo evitar la suerte de Berkman que es condenando a veintidós años de cárcel mientras que Henry Clay Frick, responsable del asesinato de diez obreros no tuvo ni que pasar por la comisaría.

Del "caso Berkman" Emma pasó a defender otras causas de la liberta
d y del movimiento obrero, ocasionando cada vez mayor escándalo y miedo entre los bien pensantes, llegando a ser también encarcelada en 1893 en la penitenciaria de las islas Blackwell. Públicamente instigó a los obreros en paro a: “Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan”.

Mientras permaneció en prisión, Goldman, desarrolló un profundo interés por la educación de los niños, empeño en el que se involucró años más tarde.

El colmo de sus actuaciones, que asombró a propios y extraños, tuvo lugar cuando asumió la defensa de León Czolgosz, un obrero de origen polaco que había causado la muerte del presidente McKinley en un atentado con una bomba (1901). La prensa desarrollará entonces una gran campaña presentándola como la instigadora del crimen, aunque en realidad no había tenido nada que ver con éste. Ciertamente, Emma estaba muy lejos de aprobar la actuación de Czolgosz, pero estaba convencida que éste había actuado por indignación justiciera. No obstante vuelve a ser arrestada de nuevo, junto con nueve personas más, el 10 de septiembre de 1901, acusada por participar en el complot.

La policía la vigilaba constantemente, obstaculizaba siempre que podía sus actividades, y la detuvo en tantísimas que cada vez que daba una conferencia, esperaba ser arrestada, por eso iba siempre pertrechada con un buen libro para no perder demasiado el tiempo en prisión. La prensa sensacionalista la atacó continuamente. Se la culpó de ser la instigadora de numerosas luchas obreras, de conspirar para derrocar el gobierno constitucional, de antipatriota y, por supuesto, de prostituta.

Al margen de diversas detenciones menores, el 11 de febrero de 1916 es encarcelada de nuevo por la distribución de un manifiesto en favor de la contracepción.

Igualmente, cuando estalló la Gran Guerra en agosto de 1914, Emma hizo públicas
sus profundas convicciones pacifistas y criticó el conflicto por considerarlo un acto de imperialismo. Así pués, no pasó mucho sin que fuera de nuevo detenida y juzgada, al tiempo que las revistas que dirigía con Berkman fueron cerradas e invadidas por la policía, y en 1917, y por tercera vez, es encarcelada junto con Berkman.
Purgó durante dos años en una prisión federal donde en poco tiempo se situó a la cabeza de la lucha por la dignidad humana y sobre todo ganó para esta causa a otra reclusa, Kate O’Hara, que con el tiempo se haría famosa cuando tras salir en libertad se trasladó a California e inició desde allí una campaña de protesta contra los métodos carcelarios imperantes y con el tiempo llegó a ser directora de penales llevando a cabo notables reformas en el sistema.


Pero esta vez, a pesar de todo el genio polémico de Emma, el veredicto del tribunal fue más allá de la multa o la cárcel, y siguiendo los dictados del gobierno de Wilson fueron obligados al destierro fuera del país. Durante la audiencia en la que se trataba de su expulsión, J. Edgar Hoover, que era el presidente de la misma, calificó a Emma como una de las mujeres más peligrosas de América.


Residió en la URSS con A. Berkman y participó en la sublevación anarquista de Kronstad. Apoyó a los bolcheviques en contra de la división entre anarquistas y comunistas, hecho que se produjo durante la primera Internacional.

Pero la represión política, la burocracia y los trabajos forzados que siguieron a la Revolución rusa contribuyeron, en gran medida, a cambiar las ideas de Goldman sobre la manera de utilizar la violencia, excepción hecha de la autodefensa.


Disconforme con el autoritarismo soviético, se instaló definitivamente en Canadá.

En 1936, Goldman colaboró con el gobierno español r
epublicano en Londres y Madrid durante la Guerra Civil española.


Emma Goldman murió el 14 de mayo de 1940 en Toronto.
Su cuerpo, considerado por fin inofensivo, obtuvo el permiso para cruzar la frontera y ser enterrado en el mismo cementerio donde años antes enterrarían a los "mártires" de Haymarcket.

1 comentario:

Cristina dijo...

¡qué vida más intensa!

Esta me la llevo a "Vidas de novela"