sábado, 16 de abril de 2011

Acta del 12 de abril ¡Ay, Carmela!

¡Qué agotamiento! Toda la noche dando saltos de un tema a otro... ¡y eso que todos íbamos a hablar de nuestro libro!


Claro, es lo que pasa cuando se trae a un invitado al que tenemos muchas ganas de escuchar. Fue inevitable estar continuamente haciendo incisos, preguntando, dando tumbos… ¡ay, Carmela!


No nos quisimos perder ni un solo punto de vista de nuestro invitado, Fernando Sansegundo, sobre los mil y un temas que salieron a lo largo de la noche. Y así, nos enteramos de que, antes de ser profesor, director, dramaturgo y actor, Fernando se pasó tres años haciendo botas de los Madelman, esos muñecos tan varoniles que tenían que competir con Ken; que ha vivido temporadas en las que ha dormido menos de tres horas y trabajado más de dieciocho; que su carnicero, muy paternal él, le miró con cara de lástima el día en que se enteró de que era actor: “Ya, ya, actor… ¿pero tú de qué vives?”... para a continuación pedirle una entradilla. Me imagino que ahora presumirá de cliente.


Últimamente ha trabajado en la adaptación a obra de teatro de “La Avería”, cuento de Friedrich Dürrenmatt, que se está representando por toda España bajo la dirección de Blanca Portillo.

Y acaba de rodar en “La voz dormida” bajo la dirección de Benito Zambrano, película que se estrenará posiblemente en otoño. Prometemos seguirle fielmente a partir de ahora.

Y entrando en materia, que no lo tuvimos fácil, lo primero que confesamos fue que a la mayoría de nosotras nos cuesta más leer teatro que novelas. A Pilar le gusta verlo, no leerlo, y otras no sabemos cómo enfocar los comentarios. A pesar de ello, en nuestras filas se nota la influencia de Zurro, Begoña Valle y Sansegundo, y suave pero entusiastamente iban apareciendo vocecillas de adeptas a la causa: Rocío siente que se está volviendo una especialista en descubrir todo eso que no se dice; y María reconoce que cada día le atrae más.

Fernando nos aclaró que las obras de teatro siempre se plantean como si fueran a representarse, aunque hay un porcentaje muy pequeño de ellas que logran su objetivo. El dramaturgo intenta transmitir el mundo que ve, y tiene que conseguir que se le entienda. Nos comentó que Jardiel Poncela decía que una obra de teatro hay que escribirla tres veces: una pensando en el actor, otra pensando en el público y una tercera pensando en la crítica.

El teatro es un trabajo de equipo, en el que intervienen el autor, el director y los autores. ¡A mayor sincronización, mejores resultados!. Nos habló de los actores generosos, los que filtran, dan, comparten; y también de los no tan generosos, que siempre se cuentan a sí mismos (y Fernando venga a hablar y Elena y yo en un sinvivir, abriendo y cerrando ventanas, incapaces de elegir entre el calor o el ruido).

Centrándonos en la obra, la primera pregunta que le planteamos a Fernando fue por qué había elegido ¡Ay, Carmela! En primer lugar, nos dijo que por ser una obra española y fácil de encontrar. Nos quería evitar el tener que tratar con traducciones que, como hemos comprobado varias veces, dan más motivos de debate que el libro en sí. En segundo lugar, porque le encanta y sabe que es una obra que no sólo le llega a él, sino a mucha gente. En tercer lugar, porque ha tenido ocasión de hablar en numerosas ocasiones con Sanchis (que no Sanchís) sobre su niña bonita (aunque creo recordar que dijo que el autor tenía con ella una relación de amor-odio). Tanto le gusta la obra a Fernando que él en sus cursos a veces trabaja escenas del libro y les invita a sus alumnos a hacer de Carmela en el momento en que ésta se ausculta una vez muerta para comprobar qué es lo que siente y qué no en su nuevo estado.

No tuvo pudor en confesar que le fascina el personaje de Carmela. Piensa que si flojea el actor que representa a Paulino se puede salvar la obra, pero que si es la actriz la que falla se va todo al garete. Habló con pasión del amor de Carmela por la vida y de cómo se la juega precisamente por eso: “Carmela está muy viva, tiene mucha vida”, y para ella “vivir no es sobrevivir”. Carmela defiende sus principios y no es la ideología lo que le empuja a actuar como lo hizo, sino sensibilidad. Destaca que el sentimiento más fuerte que conserva estando muerta es la pena.

Fernando fue más allá del personaje y habló de la valoración de lo masculino y lo femenino: la mujer siempre es la que avanza (fuertes aplausos en el patio de butacas, alboroto en el gallinero).

Y el final le apasiona: esa separación brutal, separación que no se había producido cuando ella cayó fusilada, sino cuando se va alejando, cuando ya todo le da igual.

También nos habló de Paulino y defendió a su personaje, a pesar de ser despreciable como persona, y le encantaría interpretarlo.

Para Cristina esta obra es una continuidad del libro anterior, puesto que nos habla también de guerra, de desmemoria, de sufrimiento. Destaca los saltos que se dan en la obra de la vida a la muerte sin traumas. Aprecia una evolución positiva en Paulino a lo largo de la obra.

Para muchas es la historia de la vida misma, unos eligen vivirla con dignidad y otros se acomodan a las circunstancias.

Rocío ve a unos personajes maltratados por la guerra, en la que al final pierden los dos. Destaca la gran cantidad de personajes que están ahí, en la obra, sin aparecer en escena.

Pilar hace hincapié en que hablamos de situaciones límites y, sobre todo, de sobrevivir.

Elena califica la obra de redonda. Es teatro dentro del teatro.

Fue inevitable sacar el tema de la película y de las distintas versiones y personajes que han interpretado a Carmela y a Paulino. Fernando nos comentó que es curioso porque habitualmente se respetan mucho las versiones teatrales en el cine y que, sin embargo, en esta ocasión no tienen nada que ver la película y la obra, se ha modificado completamente el guion.

Rocío preguntó sobre los actores idóneos para representar actualmente ¡Ay Carmela! y nos quedamos con Candela Peña y Carmelo Gómez.
Nos despedimos con la sensación de que aun había muchos temas por tocar. Y con el convencimiento de que no va a ser la última vez que charlemos con Fernando Sansegundo.

Y las noctívagas (nunca le agradeceré a Eva Díaz Pérez lo suficiente el regalo que nos hizo con esta palabra) quisimos aprovecharnos un poco más de este invitado de lujo tan cercano y tan generoso… y continuamos con él hasta que nos borró la noche.



Asistentes: Fernando Sansegundo, Rocío, María Sur, Cristina, Mª del Mar, Elena, Pilar, Marió...y la escribidora.

PD. Echamos mucho de menos a las ausentes.

5 comentarios:

la primera, por primera vez dijo...

Olé¡¡ Marga,
Como dices no estuvimos muy centradas pero qué atenta estuviste.
Me ha gustado mucho, un beso

Cristina dijo...

¡ay Marga! qué rapidita, ¡ni que te fueras de semana santa con toda tu parentela! pues a mi me ha dado por tirar papeles y ordenar los armarios, que todo no va a ser jijijaja... pero ahora que mi hogar,dulce hogar, reluce más que el sol, me paro a leerte.

Y puntualizo:
-nuestro invitado de lujo, digno de adoptarlo también (me gusta mucho más que Carmelo, ¡onde va a parar!).
-Ya tengo apuntado en mi agenda de actos culturales ir a "la avería" y a "La voz dormida" si es que tienen a bien de traerlas a esta tierra.
-Para "educarnos" en la lectura de obras teatrales insisto en que algún alma generosa nos hiciera una listita de obras imprescindibles... ¡Rocíooooooooooo!
-Me gusta eso de "El teatro es un trabajo de equipo, en el que intervienen el autor, el director y los autores. ¡A mayor sincronización, mejores resultados!"... ¿se puede aplicar a otros ámbitos?
-Se me hizo corta la noche de rumba la rumba la rumba va y largo el día siguiente ¡ay Carmela, que resaca!...

Besos a todas... continúo plumero en mano

maria sur dijo...

Margüi, me ha encantado este acta a ritmo de rumba, la rumba, la rumba lá.
Magnífica la noche. A veces merece la pena robarle algo del tiempo al sueño ¿no creeis?

pilar dijo...

Ole mi Margui. ¿Pero tuviste tiempo para cenar, mi amor? Tanto escribir, tanto escribir. Gracias.¡Vivan las de Palencia con olor a col! ¿O son las iglesias románicas las que desprenden ese olor a rancio? Ya me perdí. Me salva que me encanta por la cantidad de minerales y vitaminas que aporta. Por su labor preventiva contra la diarrea, por... Qué más da si a mi lo que me gusta es mi Margui, el románico... la col... Y entre col y col, lechuga. ¡Ea!

Y gracias a Fernando por su generosidad con este grupo de desconocidas que se han convertido en conocidas a las que esperemos deleite en otra ocasión, que la vida es larga aunque Unamuno sufriera que era fugaz. ¿O tenía razón Unamuno?

rocio dijo...

oye Marga, me encanta esa foto de Fernando ¿de dónde la has sacado? Qué tontería preguntarte a través de estos si te tengo en la puerta de al lado. En fin, muy bonito lo que has escrito. Espero que podamos volver a cenar con Fernando con otra buena obra de teatro