miércoles, 18 de julio de 2012

LA INTERPRETACIÓN DE LA INTERPRETACIÓN DE UN LIBRO

ASISTENTES (DE HOY LIBRO):
Ángela, Elena, Marga, María del Mar, María Sur, Pilar, Rocío y yo, Cristina

“El mundo está poblado tanto de excepciones como de reglas”.
 

Y en julio nos saltamos nuestra regla de comentar un libro a mesa y mantel, y excepcionalmente acudimos en ayunas al "monoambiente" de la FNAC para confraternizar con el grupo que comanda Javier González-Cotta. Sedientas y acaloradas llegamos a las 8 dispuestas a interpretar "La interpretación de un libro", de Juan José Becerra, y desgranar la tórrida relación entre Camila Pereyra, "la loca de los libros" y Mariano Mastandrea, un escritor obsesivo por saber a qué manos llega su poco vendido libro, "Una eternidad".

Cuando llegamos, nos enfrentamos a unas teatrales cortinas rojas y al abrirlas nos encontramos
al final del túnel,
chispas blancas
sobre fondo negro
Nos sentamos apresuradamente en unas sillas de color "borra de vino", mientras Javier hacía una introducción del autor, de la obra, (y de nosotras). Aunque los (3) representantes masculinos valen por dos (incluso por tres), hay mayoría abrumadora de lectoras. Y no parecen responder al perfil que describe Mariano: "no lleva otra vida que la vida de lectora —la vida de aquella que vive leyendo porque no sabe vivir—"

¿que las lectoras no sabemos viviiiiiiiir? ¡Marianooooooo por dioooooooos qué estás diciendoooooooooooo!

Pienso: Este chico ve demasiado la tele y no se entera que las locas de los libros también podemos ser las locas de la vida. A las pruebas me remito. Sus palabras se disuelven en la realidad en cuanto empieza el debate.

El libro da mucho juego, a pesar de que por los primeros comentarios no parece haber gustado demasiado. A algunas les ha costado empezar, aunque dicen que "es un libro que empieza cuando se termina".

Hablamos de literatura, de escritores y lectoras (alguien dice que son los tres protagonistas), de escritores que leen y de lectoras que escriben, pero también del ego del creador: de cómo algunos se mueren por sentirse adorados y hacen cualquier cosa por conseguirlo, y cómo puede influir en la escritura ese deseo de gustar al lector (o no), o de si es simple y lógica curiosidad la que siente Mariano por saber qué tipo de lectores tiene. Yo, que soy curiosa patológica, comprendo al chiquillo y creo que su actitud es un hecho aislado a su proceso creador. Ya lo dice él: “El que escribe no sabe lo que hace” (pg. 29); “no sabe para qué escribe, no sabe para qué vive” (20)

El debate sube de temperatura a medida que los dos protagonistas se lían en el sofá de cuero ecológico que preside el austero monoambiente.

Hablamos de escritores que viven aislados del mundo, como Salinger. Y de literatura con mayúsculas o con minúsculas, con finalidad o sin finalidad. Y de machismo. A Joaquín (uruguayo) le chocó que Camila fuera tan guapa, y Marga piensa que la mujer no está bien tratada en el libro y no sabe por qué la llaman la loca. La pintan como la pesada que le roba al autor su creación, se apropia de ella, y esto plantea un nuevo debate: hay quien piensa que cuando una obra sale a la calle ya es propiedad de el espectador-lector y deja de ser del autor.

Llega el turno de los cuadros con los que Camila decoró la estancia: ¡nuestras lectoras con arte! Bueno, nuestras pero sobre todo de Hooper, y de una Marilyn enfrascada en el Ulises de Joyce y en "Hojas de Hierba" de Walt Whitman, representando a "Hollywood, vanguardia de la cultura iletrada". Nosotras ya conocíamos todos los cuadros, porque María nos los colgó en una entrada, aunque Javier llevaba "Sol en una habitación vacía", que pasó de mano en mano. No sabían ellos que nosotras, con nuestra osadía característica, ya habíamos pintado con palabras ese cuadro en nuestro blog.

Así, como el que no quiere la cosa, van pasando los minutos, y de pronto escuchamos por megafonía que llega la hora del cierre. El tiempo ha pasado volando. Javier sortea un ejemplar del libro que leerán para septiembre, y a pesar de nuestras negativas nos incluyen en la rifa. Se suceden los números (los impares primero), y sale la ganadora con el último número (el seis): a sus manos va a parar "La liebre con ojos de ámbar", de Edmund de Waal.

Llega la hora del cierre, y nos vamos a una terracita en busca del prometido altramuz. Allí charlamos de la vida con esos nuevos amigos, quizás para demostrarle a Mariano que somo lectores de libros y de vida.

Una experiencia inolvidable, que pensamos repetir. Y mientras tanto, os dejo una foto (malísima porque mi teléfono no dá para más) para que os traiga lo que se fue, como dice Mastandrea: "aunque no podría decirse que cada instante ha vuelto ahora por haber sido atrapado en el momento de perderse"




8 comentarios:

marga dijo...

Paqui, Claire, Joaquín, Mónica, Javier...gracias a todos por ser tan buenos anfitriones.
Gracias, Cris: siempre es una delicia leerte.

pilar dijo...

Gracias a Cristina por la entrada, a Javier por invitarnos y a todos los que ha mencionado Marga, incluidos los que no conocemos el nombre porque no vinieron a la cervecita sin altramuz pero sí patatas fritas y patatas aliñás, y una buena compañía, buena charla. Conocidos que esperemos se conviertan en algo más, unidos por el tesoro de la lectura.

marga dijo...

Pilar, esto último sí que te ha quedado poético...

Anónimo dijo...

Una vez màs deliciosa crònica,gracias.¡Me quedè sìn hija (ese dia)y sin altramuz!!!!!!!

Cristina dijo...

he puesto el blog de Joaquín "las letras y los ojos" entre nuestros preferidos

marga dijo...

Mari, ¿eres tú la sufridora madre anónima? ¡Haz el favor de venir ya, estamos deseando todas compartir libro, cena y gin contigo!

Cristina dijo...

¡qué intriga! pues si es Mary, se quedó sin altramuz (y sin hija) porque le dio la gana, porque aquí la esperamos con los brazos abiertos!

LA ENCUESTA dijo...

ESTE MES HA HABIDO 4 VOTOS: 1 MUY BIEN, 1 BIEN Y DOS REGULAR
ADIÓS, ME VOY DE VACACIONES HASTA SEPTIEMBRE, YA ME MANDÁIS UN "WASA" CON EL TITULILLO, QUE OS VEO FATÁ.