martes, 3 de noviembre de 2009

LECTORAS CON ARTE NOVIEMBRE

Hace poco leí en un libro una frase que me gustó: "Esto es lo que me interesa de la lectura; en un libro encuentras un detalle diminuto que te interesa, y ese detalle diminuto te lleva a otro libro y algo en ése te lleva a un tercer libro. Es matemáticamente progresivo; sin final a la vista y sin ninguna otra razón que no sea el placer".

¿No os pasa lo mismo? Una de las cosas que he aprendido en Hoy libro es a disfrutar de esos pequeños detalles, y a enlazar una historia con otra. Por simple placer.

Algo así me ha pasado con esta lectora tan bien acompañada que os presento hoy. Hay cuadros que te atraen desde la primera mirada, como si fuera un amor platónico, a otros los rechazas sin saber por qué. Están bien pintados, sus colores son agradables, la composición es perfecta... pero no salta la chispa. No hay flechazo. Eso me pasaba con este cuadro. Un mes tras otro me lo saltaba, incluso me parecía un poco cursi.

Con los lipogramas de María Norte he comprobado que hay cosas que consideras insignificantes hasta que las miras dos veces. A partir de entonces ya nunca puedes prescindir de ellas.

Así que me paré más rato delante de esos enamorados de pose lánguida. Les di otra oportunidad. Tenían nombre: Paolo y Francesca... ¿Quiénes eran Francesca y Paolo? –me pregunté-. Unos días después leía "El filo de la navaja" y me encontré que Somerset le decía a Isabel: “Vuestro amor, el tuyo por Larry y el que Larry te profesaba, era tan natural y sencillo como el de Paolo y Francesca, o el de Romeo y Julieta. Afortunadamente para vosotros, no acabó tan mal”. Me puse a investigar y mis pesquisas han dado sus frutos. Y un detalle de un libro me ha llevado a otra historia... un tanto romanticona, pero con sus detalles curiosos.


Con ellos he viajado en el tiempo. Y en las palabras. Y en los enigmas. Por simple placer.


Estamos en Italia. Es el siglo XIII. Dos poderosas familias llevan años en guerra por conseguir el poder del norte: los Malatesta de Rimini y los Polenta de Rávena, la fantástica ciudad de los dorados mosaicos bizantinos. Por fin firman la paz. Una paz que se ratificará con un matrimonio entre las dos familias. Alianza de sangre, la llaman.

Guido da Polenta, gobernante de Rávena, tenía una bellísima hija de dieciséis años, Francesca. Giovanni Malatesta sólo tenía un hijo por desposar, Gianciotto, valeroso pero feo, contrahecho, y mucho mayor que ella. Temiendo el rechazo, organizan una boda por poderes, a Gianciotto lo representará su hermano Paolo, que estaba casado pero era bastante más guapo y simpático. Desde la ventana del palacio solariego, Francesca observa curiosa la comitiva nupcial: carrozas engalanadas, guirnaldas de flores, pajes portando pendones con los blasones de las dos nobles familias, elegantes damas vestidas con ricas telas, pajes de aterciopelados jubones... Una dama de las damas del séquito de Francesca, por error o quizás sobornada por el futuro esposo, le señala a Paolo como al que iba a ser su dueño. Y le gusta a Francesca.


Este error provocará la tragedia.


Paolo era bello, joven y culto, cortés y alegre; todo lo contrario de su hermano, cuya desgracia física lo había convertido en cruel y pesimista. Francesca se casó engañada; fue conducida al palacio que sería más cárcel que hogar, y engañada pasó su noche de bodas. Su esposo entró en la alcoba en la más absoluta oscuridad para que Paola no lo viera. Gianciotto pensó que una vez consumado el matrimonio, la cosa no tendría vuelta atrás. Al despertar, la joven descubrió el engaño, y engendró un tremendo desprecio y odio hacia el tirano que había abusado así de su inocencia virginal. Y fue creciendo su amor por Paolo.

A pesar de estar casado, Paolo también se enamoró de la pobre Francesca, solitaria prisionera del gran castillo. Para aliviar su encierro, iba todos los días iba a leerle historias, pero por un acuerdo tácito sólo se veían a la luz del sol. Presentían que la luna iba a ser mala compañera. Gianciotto ocupaba sus horas en estudios tácticos, de astrología y magia en la torre palaciega; aunque, tan celoso como perverso, intuía que los jóvenes se amaban. Y los vigilaba.

Paolo aliviaba la clausura de Francesca en castillo tan lóbrego, y su exquisita cortesía, tan grande como su ternura, derretían el corazón de aquella mujer. Componía enigmas, que el gusto de la época había elevado a un puesto superior de literatura. Los usaba en su correspondencia secreta y en las divisas de su blasón. Su único error fue componer los que le dedicaba a Francesca, con el único tema de su hermosura y del amor.


Compuso uno, al que llamó «la cruz de amor»:

E C A T E

N E M E A

A M O R E

F U R I E

I M E N E


Otro que puede ser leído de izquierda a derecha o de arriba a abajo:

A M A I

M I M E

A M O R

I E R I


O el enigma en V:

A N I M E

A M A R O

C U O R E

Y entre enigmas y palabras de amor, fueron pasando los años. Diez años de soledad y amores platónicos entre estos dos tortolitos. Cuando Francesca tenía veintiséis años, le asaltó un miedo atroz a morir sin recibir ni una vez en su vida un beso de amor. Cada vez le robaban más horas al día para estar juntos. Paolo le leía vidas de santos, sangrientas de heroísmos.


Un día leía Paolo los amores adúlteros de Lanzarote (o Lancelot) y la reina Ginebra.

El balcón de la alcoba de Francesca se abría sobre el poniente. Tenían el mundo a sus pies, bañado por la luz de la luna que empezaba a aparecer. Las densas cortinas de damasco los obligaba a unir sus cabezas ante las páginas, aprovechando la escasa luz. Juntos, muy juntos, el libro unía sus rodillas y aproximaba sus rostros hasta que un roce de cabellos inició el vértigo de la tentación. Ya no leían. Pasaron muchas horas con las manos heladas sobre el libro, con sus corazones latiendo con grandes golpes sordos. Y tantas horas pasaron, que la luna acabó saliendo.

Se miraron con todo el dolor del amor imposible. Algo tan distante del beso, que en ello cabía la eternidad. El alma de la joven se asomaba a su mirada. Se confesaron su amor. Más pálidos que la luna, lloraron los dos, y comprendieron que las palabras, los besos, la posesión misma, no eran nada, ante la dicha de haber llorado juntos.

Pero no estaban solos. Una pequeña sombra los vigilaba por orden de Gianciotto. Era el enano del castillo y tras esta escena se escabulló y subió hasta la torre, donde puso al corriente a su señor, que se hallaba enfrascado en sus estudios de astrología. Lo abandonó todo, bajó a la carrera la escalera hasta la alcoba. Los pilló mirándose a los ojos con tanta devoción que los mató a ambos de una sola estocada.


Cómo el amor a Lanzarote hiriera,

por deleite, leíamos un día:

soledad sin sospechas la nuestra era.

Palidecimos, y nos suspendía

nuestra lectura, a veces, la mirada;

y un pasaje, por fin nos vencería.

Al leer que la risa deseada

besada fue por el fogoso amante,

éste, de quien jamás seré apartada,

la boca me besó todo anhelante.

Galeoto fue el libro y quien lo hiciera:

no leímos ya más desde ese instante».

Mientras un alma hablaba, la otra era

presa del llanto; entonces apiadado,

lo mismo me sentí que si muriera;

y caí como cuerpo inanimado.

(canto V de la Divina comedia de Dante Alighieri)


Esta trágica historia amorosa ha sido fuente de inspiración de muchos artistas y literatos. Dante Alighieri, el poeta florentino, convirtió a los amantes en uno de los temas centrales de La Divina Comedia, en la que Paolo y Francesca son tratados con gran compasión. Nos cuenta que hasta en el infierno el deseo de los amantes siguió vivo. Por cierto, Dante tiene una tumba vacía en Florencia, pero está enterrado en otra bellísima tumba en Rávena, en la misma Rávena donde años antes había ocurrido esta historia, y donde él murió en el exilio... pero esa es ya otra historia...

En 1815, Leigh Hunt compuso el poema “Historia de Rímini” y en 1902 Gabriele D’Annuzio escribió el drama "Francesca da Rimini".

Tchaikovski compuso "Francesca de Rimini" en 1876, una fantasía orquestal que podría hoy ser nuestra banda sonora, y con el mismo nombre Rajmaninov creó una ópera.

También algunos pintores se sintieron inspirados por este amor platónico no consumado. En el siglo XIX, los franceses Ingres y Alexandre Cabanel hicieron protagonistas de sus lienzos a Paolo y Francesca, igual que el que hoy nos ilustra, Anselm Feeuerbach, un pintor alemán del siglo XIX, autor de numerosas escenas inspiradas en la Antigüedad clásica.




24 comentarios:

maría-sur dijo...

¡Qué placer leerte, Cris!

Y como tú dices:"un detalle te lleva a otro" y "por puro placer" - con tu permiso- he añadido este vídeo que además de la música ofrece varias anotaciones para la fantasía sinfónica de Tchaikovsky, 'Francesca da Rimini'.

La composición en sí se basa en el canto quinto de Dante: 'Inferno'.

Las anotaciones de color azul oscuro son propias notas de Tchaikovsky que aparecen al comienzo de la partitura manuscrita.

Las anotaciones de color azul pálido proporcionan o sugieren una interpretación detallada de la música, mediante el programa de Tchaikovsky, como punto de partida, y luego mirando a la poesía de Dante para la inspiración.

Las anotaciones verdes son las citas de la poesía, y en consonancia con las sugerencias de color azul claro de lo que la música puede representar en ese momento en la pieza.

(Interpretaciones personales pueden diferir)

Gianciotto dijo...

¡Maldita sea! ¿A quíén creen que engañan?

Ella, sin atinar en qué página posar sus ojos perdidos mientras anhela silenciosa la caricia que no llega.
¡Y Paolo!...Acaso creerá que la circunspección de su mano izquierda disimulará la lujuriosa traición que prepara con la diestra.

Por cierto, Paolo, ¿y tú qué estas mirando?

m.s.

Cristina dijo...

-Querida Francesca, hoy te contaré lo que pasó en Camelot, el glorioso reino del rey Arturo. Tenía este justo rey una corte de caballeros, que se reunían alrededor de una tabla redonda. El más noble de todos ellos, siempre leal y fiel, dispuesto a morir por su rey, se llamaba sir Lancelot. Arturo se iba a casar con la princesa Ginebra, hija del rey Leodegrance, que gobernaba las tierras de Cameliard. Le encomendó a Lancelot la misión de traer a la novia para los reales esponsorios. En el trayecto se enamoran los dos, y desde ese momento la vida de Lancelot se convertirá en un constante conflicto con su conciencia, dudando entre su amor por la reina y las obligaciones hacia su rey.

-¿Y fue feliz Ginebra con su rey?

-Sí, lo fue, era el centro de atención de la corte, todo el mundo la quería. Aunque amaba a Lancelot, era la reina perfecta para Arturo, lo respetaba y cumplía sus funciones a la perfección. Pero en Camelot había un hada con muchísimo poder...

-¡Un hada! ¡qué emocionante! ¿Era buena?

-No. Francesca. No era buena, se llamaba Morgana, y odiaba a la reina tanto que le contó a Arturo la relación que tenía con Lancelot.

-¡Qué cruel! ¿y qué pasó, Paolo?

-Pues que el rey se enojó muchísimo, y a pesar de querer a Ginebra la condenó a morir en la hoguera por su infidelidad…

-¡Qué horror! ¡pobre Ginebra! Y con Lancelot ¿qué pasó?

-Lo desterró. Lo echó de Camelot para siempre. Pero él regresó y rescató a Ginebra de la muerte segura, matando incluso a algunos de sus antiguos camaradas de la mesa redonda, por lo que el rey marcha en su contra.

-¡Cuan valiente era Lancelot!

-Mientras el rey Arturo está ausente, su hijo ilegítimo, Mordred, le usurpa el trono, y da muerte a Arturo cuando vuelve para recuperar el trono. Ginebra se hallaba escondida en la torre de Londres. Al enterarse de la muerte de su dueño se viste de luto e ingresa en el convento de clausura de Amesbury. Allí tuvo una última entrevista con su amante, nunca mas se verían. Lancelot abandonó la vida de caballero y se convirtió en ermitaño.

-¿Y nunca más se vieron?

-Sí y no. Años más tarde Lancelot tuvo un sueño, un ángel se le apareció y le dijo que fabricara un féretro y lo portara a Amesbury, donde encontró muerta a la reina. Recogió el cadáver de Ginebra y lo llevó a enterrar junto al de Arturo. Seis semanas después muere él también…

-¿Nunca acaban bien las historias de amor, Paolo? Es muy injusto…

Francesca dijo...

Paolo, tengo miedo de este silencio, ¿has notado cómo tiemblan mis manos? está saliendo la luna, mi cabeza dice que debes irte, sin embargo mi corazón quiere permanecer contigo por toda la eternidad

Beatrice di Ghigginolo dijo...

¡Oh, dios mío qué desgracia! He sido humillada ante toda Italia, mi marido muerto en los brazos de otra, y mis hijos huérfanos... ¡huérfanos! Dos niños tan inocentes... ¿Cómo se lo explico? Es imposible explicarle a unos niños que nunca escucharán la risa de su padre, ni su voz, ni sentirán sus caricias porque todas se las regaló a ella. Otra mujer le robó a su padre. Dicen mis damas que le leía historias, que murió contándole la última, con un libro entre las manos... ¡aquí siempre estaba tan callado! ¡ahora sé por qué! Todas las horas de su día se las regalaba a ella, todas sus palabras para ella... ¡ojalá sus almas estén ahora en el infierno!

Paolo dijo...

- E quella faccia?

(-¿Y esa carita?)

Francesca dijo...

- Caro Paolo, mi dispiace ma non possiamo vederci il giovedi, sono rimasto a guardare un film con i miei amici circa questo libro, che leemos.
Pero attendere per me giusto?

(- Querido Paolo, lo siento mucho, pero el jueves no podremos vernos, he quedado para ver una pelicula con mis amigas sobre este libro que ahora leemos.
Pero tu me esperarás ¿no?)

Paolo dijo...

- E chi sono questi amici?

(¿Y quiénes son esas amigas?)

Francesca dijo...

Per quelli che devono essere!:
Cristiana Di Santa Chiara, Margherita Della Innocenza, Maria Lla Derchi, e sicuramente Angela Di Paolo.

m.s.

Paolo dijo...

Mi affligge, cara Francesca, non vederti il giovedì, ma così sfrutto e vado con Beatriz a comprare un tavolo rotondo per il salone che è molto pesante... i bambini hanno rotto quella che avevamo...

Paolo dijo...

ma non innamori dil tyronepogüe, ehi?

Nota de la traductora (MXrti) dijo...

Me apena, querida Francesca, no verte el jueves, pero así aprovecho y voy con Beatriz a comprar una mesa redonda para el salón, que está muy pesada... los niños han roto la que teníamos...

Pero no te vayas a enamorar del tyronepogüe ¿ennnnnn?

Francesca dijo...

il mio caro Paolo... non stiamo demasido soli i due? non ti gradirebbe un pochino più di marcia? e se organizziamo un torneo?, coi suoi cavalieri e le sue dame, col sonar di trombe, e cavalli correndo di qui per là... sì, la verità, mi piace leggere, ma ogni tanto un pochino di marcia...

Nota de la tradutricce (MX) dijo...

mi querido Paolo... ¿no estamos demasido solos los dos? ¿no te apetecería un poquito más de marcha? ¿y si organizamos un torneo?, con sus caballeros y sus damas, con el sonar de trompetas, y caballos corriendo de aquí para allá... sí, la verdad, me gusta leer, pero de vez en cuando un poquito de marcha...

Paolo dijo...

Arsénico, sardonia, belladona… ¿qué estás leyendo, Francesca? ¿Quieres emular a Locusta? ¿No oíste hablar de su final?

S.M. (que no M.S.)

Francescristi dijo...

oh, sí, Paolo, S.M. (signore mio), la recuerdo. De Locusta me hablaste el mes pasado... era aquella esclava romana que era la envenenadora de confianza de la cruel Agripina, la sobrina y a la vez esposa del Imperatore Yo Claudio (Ego Claudius per los amicus).

¡Que historia! Le preparó una cena al emperador con sus setas favoritas, y cuando su catador oficial, Holato, la probó, el glotón de Claudio se tiró de cabeza sobre ellas. Sediento, le da un buchetoni al vino y empieza a atragantarse ¡agggg! ¡eran amanitas phalloides! Dicen que Jenofonte, el curandero de Agripina acabó de rematarlo al provocarle el vómito con una pluma de avestruce, y que además llevaban arsénico ¡menuda receta!. Pobre Claudio, tuvo una lenta agonía, totus tuus con vómitos y diarreas. Me contaste que condenaron a muerte a Locusta por envenenar ¿a cuántos eran? ¿Unos 400?, y que primero fue violada públicamente por una jirafa macho, y después la descuartizaron animales salvajes ¡qué brutus son estos romanos! ¡Cómo olvidar la historia de Locusta!

Franciscristi di nuovo dijo...

Per certo, Paolino, ¿sabes que Lacusta significa "langosta"? ¡che divertente! ¿non Mi Signore?

Francescristi unoltra volta di nuovo dijo...

E per certo di nuovo, caríssimo, mi ha asaltato la duda... ¿non me estarei engañando como una trucha, no? ¿SM non significará Santa Margaretta dil Buon Riguardo, no? ¿non sará uno de tus enigmas? ¡Ay, Paolo, Paolo, che non si ti pué dejá solo!

S.M.d.B.R. dijo...

Más lista la Franchescristi que los cangrejos, oiga. ¿O no son listos los cangrejos?

FrnchsXrti dijo...

Bueno! mucho más listos que las truchas! (hasta que caen en tu bañera)

Francescristi dijo...

Paolo, Paolo, no puedo quedarme siempre en este jardín contigo, lo de Ginebra y Lancelot está bien, pero... entiéndeme, cariño, ellas están haciendo sus maletas, todas en permanente jolgorio, y yo me muero de ganas de irme con ellas.

Paolo dijo...

¡Questi amici, questi amici! Anda, caríssima, vuela ya a jugar con ellas...pero...¡vuelve!

Moriría de tristeza

Francescristi dijo...

Grazie, caro Paolo, ¡llámame nefelibata, pero me hace una ilusión! prometo traerte un regalito de mi viaje, dame un bico de parafuso y cántame flojito lo de flyyyyy mee to the moooon antes de irme, ¡ah! y no me añores ¿eh, guapo? que te veo ya los ojos con chiribitas... ¡te pareces a mi mamá cuando me casé con Gianciotto! y hablando de Gianciotto... ¿no hay demasiado silencio en la torre? Antes escuché una risa, pero ahora...

tu paolo dijo...

j..u..G..a..r..e
s..u..E..ñ.o..s
G.E..N..I.A.L
a..m.I..g..a..s
a..l..A.b..a..r
c..o..L..o..s..a