lunes, 23 de diciembre de 2013

ACTA DE DICIEMBRE






Quizás debiera comenzar pidiendo perdón por haber sido la última en llegar. Debió quedar feo que la organizadora de la cena fuera la última en poner el culo en la silla, pero tuve que desviarme rauda y veloz a una tienda para hacerme con unas bragas rojas y por casa, posteriormente, para imprimir un texto para un regalo que, a diferencia de los otros seis, no  tuvieron el envoltorio ni la presentación deseadas.




No vayáis a pensar las ausentes al leer esto, que me pasé el día sin bragas hasta las 9 p.m., que diría un anglosajón, para evitar el relente por el puente de Triana en una noche que se intuía fría. Os informo que soy de braga-limpia-diaria y de que éstas poco frío pueden quitar por ser unas tangas muy tangas, eso sí, de un rojo muy rojo para llevar puestas la noche del 31 y, así, tener un año mejor que bueno mis queridas compañeras de Hoy Libro y la invitada Rocío.


El lugar de la cita fue en la Abacería “Altozano Gourmet”, puesto número 40, dentro del mercado de Triana. Plaza de Abastos por la mañana; bares, restaurantes y teatro por la noche. Compras boquerones por la mañana y cenas sushi u ostras por la noche. Así de estupendo es el mercado de Triana.

Qué alegría encontrar sentadas y ya de cháchara a Elena, Ángela, María del Mar, Cristina, Marga y, por si una supiera a poco, dos Rocíos: la nuestra, la de siempre, y la invitada de Cristina, quien decidió tirar de la familia por aquello de pa qué voy a buscar afuera si tengo una joya en casa.

Apenas escuchan la pregunta de qué les pareció Juegos de la edad tardía y se disparan a la par adjetivos como farragoso, pestiño, denso, coñazo, retórico, muuuuy retórico… lo cual no excluye que se alabe al autor por el gran conocimiento de la psicología humana y su prosa exquisitas.

No engancha, he querido acabarlo pero no he podido, lo he leído porque quería traer la tarea hecha pero me ha costado, leerlo ha sido una pérdida de tiempo, lo he leído y punto, son algunos de los comentarios que se escuchan a continuación. ¿Se me habrán inoculado estas chiquillas de lo escrito en una de las páginas del libro?:
 Hijo mío, tú nunca leas novelas, nunca caigas en ese vicio, porque, ya lo dice la palabra: novelas, no velas, es decir, no verlas, y así deberían llamarse, noverlas, con la advertencia de la erre. ¿Me estás escuchando, hijo?”

Quizás no esté todo perdido; del fondo de la mesa llega un comentario positivo de historias entretenidas como las de las tres Marías, a Rocío le gusta la idea de cómo uno salva al otro, a Cristina le ha gustado el prólogo del autor que incluye su novela, donde reconoce que hay mucho de autobiográfico. También ha gustado el personaje del abuelo. A Rocío, por su parte, le ha gustado especialmente el personaje del tío Félix, personaje insatisfecho en su  opinión y en la del resto que asiente entre murmullos con tendencia al corrillo con la de al lado… Y Marga con su iPad, y las sevillanas de fondo a todo volumen que pedimos bajar y la mojama y el salmón escrupulosamente en las bandejas, listos para ser deglutidos sin afán pero con hambre. Y las opiniones sobre la novela que se entrecruzan… Y Margarita con su iPad, acariciándolo con tierno  afán.

Se hace hincapié en el mundo de los protagonistas, lo cual da pie a un corto intercambio de comentarios, así como el hecho de que no se especifique la época en la que se desarrolla la novela, aun cuando todas las presentes pensamos  que, año arriba, año abajo, en los 50 es seguro.


Quizás las sevillanas de banda sonora desde el fondo de la abacería, tal vez el espíritu prenavideño, que lo mismo contagia de hermandad que de cotilleos o nostalgias; posiblemente, el afán de recordar historias para hilar tiempos, o el bacalao con algún ingrediente de revival, hacen que Juegos de la Edad Tardía comience a entremezclarse con historias reales de algunas de las presentes. Así, Cristina cuenta que conoció a un Faroni de carne y hueso, real como la vida misma, que usaba distintas tarjetas de visita, mientras Rocío no puede evitar volver al tío Félix y al afán para contarnos su sueño juvenil  de ser bailarina.

-¿Qué es el afán, abuelo?
-El afán es el deseo de ser un gran hombre y de hacer grandes cosas, y la pena y la gloria que todo eso produce es el afán.

El afán… Rocío quiso ser bailarina, sí, cuando los sueños vuelan jóvenes e inocentes alrededor nuestro, pero le faltó el afán, o que empezó a bailar muy tarde o que tenía que haber nacido en Nueva York y no en Huelva. Sí, eso debió ser, que en lugar de nacer en Huelva tenía que haberlo hecho en Nueva York, para haber sido entonces, y sin lugar a dudas, una bailarina maravillosa. Y Marga con su iPad. O quizás un e-book. Mi afán de ser antes discreta que sencilla me lleva a no intentar averiguar lo que la palentina posa en su regazo y acaricia arriba y abajo con esos dedos largos y finos que la adornan. 

Cristina lo tiene claro, le habría encantado ser cosmopolita. Pero no la esposa cosmopolita de un diplomático, que a nada que la línea invisible  de la vida se hubiera desviado un ná, podría haberlo sido; menos mal que Ángela, que conoce la historia y al susodicho, la consuela con la certeza de que ese muchacho no le pegaba. No, el cosmopolitismo de Cristina es como el anuncio de Messi de las Turkish Airlains.

¿Y Ángela? Que un día de estos perderá las pestañas de tanto leer libros de Medicina ¿Le faltó afán a Ángela para ser médico en lugar de economista o fue la falta de información en una época donde los jóvenes no tenían la información que tienen ahora, palabras textuales de la muchacha? Que ella información, información, lo que se dice información, no tenía, pero la gangrena de su abuela en la pierna le provocó una vocación que, que, que, que la han llevado a ser economista y leer libros de Medicina. Cielos, cómo es la vida.



¿Y a qué te dedicas?, le pregunta discreta Rocío invitada. Porque Rocío Invitada no conoce a Ángela ni a la que se sienta al lado, ni a la otra, ni a la de enfrente suya y, claro, llevada por el afán y la dulzura, aprovecha las nostalgias ajenas para informarse pues, ella, tampoco nació en Nueva York, sino en Huelva, como la que soñó con ser bailarina, y es sobrina de la que la invitó a la cena pero, conocer, lo que se dice conocer a las presentes, pues no.
  
Economista, que lo aborrezco, le contesta Ángela con esa expresión tan propia suya en la que un ojo decide permanecer alerta y el otro desaparecer cómicamente bajo una ceja alicaída… Anda, pues Rocío recuerda que tiene a su cuñado Manolo que le sacaba los ojos a las muñecas para averiguar qué había detrás…

Mi afán de reconducir la conversación y el espíritu prenavideño ayudado por los villancicos de fondo que han sustitutito a las sevillanas, surten su efecto y Juegos de la edad tardía vuelve al centro de la conversación.
Es Elena la que vuelve a la novela y al autor, compartiendo la escucha de una entrevista radiofónica a Luis Landero donde éste reconoce que se quedó pillado con su padre. No, si ya te digo, al final, va a haber, efectivamente, mucho de autobiográfico, se oye decir al fondo de la mesa. Ya os dije que lo dice él en el prólogo que incluye mi ejemplar, sentencia Cristina. Marga, levanta la vista del iPad, e-book, u lo que sea el artilugio tecnológico que la acompaña como una prolongación de si misma, para decir que el desarrollo de la novela le ha parecido incómodo pero el final, sin embargo, le ha gustado. De hecho, el final le parece de lo mejor del libro. María del Mar hubiera deseado que Faroni se suicidara y las que no lo hemos terminado, mostramos interés en hacerlo para ver, si al final, deseamos lo mismo que María del Mar.

¿Y Angelina? ¿No es un coñazo Angelina, acordamos todas? La del instrumento tecnológico afirma rotunda, “no se quita las bragas ni para lavarlas” para, acto seguido, decirme con una risita de las suyas “ esto que he dicho no lo vayas a escribir, ¿eh?”.

Desgranamos distintas escenas del libro, lo que más y lo que menos nos ha llamado la atención, hablamos de la ironía que contienen sus páginas, de las definiciones que hace de las cosas: qué es el arte, qué es la inspiración… que Marga encuentra en su inteligente artilugio y lee en voz alta… Y Rocío, ¡que ha usado la misma política que Gil para dejar de fumar! No fumo éste, sino el siguiente, a lo que Cristina ágil como una gacela, le dice “sin acritud, Rocío, menos mal que has tenido la misma idea de Gil y no la del zorro”.

Rocío invitada pregunta a Rocío la de siempre si ha dejado de fumar. Si Rocío invitada hubiera esperado unos minutos, habría visto a Rocío la de siempre, ponerse el abrigo y salir a saciar el vicio. Incluso, si hubiera estado alerta al principio de la cena, Rocío invitada podía haber escuchado a Rocío la de siempre preguntar-afirmar-reafirmarse al camarero si se podía salir a fumar afuera que seguro que sí pues considerando que era un mercado pero estaban los puestos cerrados y bla bla bla pues seguro no habría problema a lo que el camarero de nombre Manolo, simplemente, contestó “Sí”, única respuesta a un argumento de peso donde el afán rotundo, una variante del afán-afán, fue el gran protagonista.

Estamos de acuerdo en la existencia del personaje de Antón por su jocosidad, cómo no citar su opinión sobre las mujeres, en contraposición a Gregorio y su actitud que, a algunas de las presentes, incómoda mucho. Y, de fondo, siguen los villancicos de banda sonora, mientras nuevos platos se acercan a la mesa y Ángela afirma que el “despiporre” del final le recuerda a El Perfume en cuanto a que ambos autores, en su opinión, no saben cómo cerrar la historia. ¡Cáspita! Mencionar la novela de Patrick Süsckind le lleva a confesar el olfato tan desarrollado que tiene para los olores, lo que ejemplifica contando el  día que salió de su casa, le llegó  un olor a perro, se tiró al suelo buscando el pis del desconsiderado animal, olfateó y olfateó, rastreó y rastreó hasta que dio con el cuerpo del delito en una zapatilla. Eso es olfato y afán, y lo demás es cuento. Y Cristina no puede ser menos y se tira en plancha a contar la ínfima opinión higiénico-sanitaria-defecatoria de un tal Eli hacia su persona un día lejano donde los niños aún no existían y los despistes del macho de la futura manada rayaban lo preocupante-desconsiderado hacia su pareja.

Tales experiencias olfativas, hubieran bastado para dar por cerrado el tapeo, la charla literaria, la banda sonora de fondo, las preguntas de Rocío invitada para conocer un poco más a las tertulianas, el fumeteo de Rocío la de siempre, la hora de dormir del iPad, e-book o lo que fuera que Margarita dedos largos tenía en su regazo… Pero, no. Somos mujeres con afán, con voluntad, con determinación y ello nos llevó a continuar hablando de una novela que parece no haber despertado pasión alguna. Eso sí, después, de Ángela contarle a Rocío invitada su experiencia amarga con un amor que, a pesar de los diez años de vida común, desconocía si sus ojos, de un verde descaradamente evidente, eran dos, tres, negros, amarillos o violeta, y que da pie a todo un argumentario de gallinero entre nosotras sobre qué es más condenable-censurable-infame-imperdonable, lo vivido por Ángela y su color de ojos o lo del tal Eli y su despiste sicodélico WC. Cielos, la conversación se desvía, se anima, se sulibeya, se retroalimenta y Rocío pone sobre la mesa anécdotas vividas en primera persona con el tal Eli, para deleite de Rocío invitada con importantes lazos de sangre con el susodicho y Elena también recuerda y la cónyuge no os cuento y…

Sí, retomamos la novela, s'il vous plaît. Les leo la frase extraída de la novela: Te sentaste a descansar para siempre en la primera sombra del camino” con el firme afán de reconducir el objeto del encuentro y creo conseguirlo cuando, de pronto, Rocío la de siempre, se da por aludida y habla de nuevo de  su deseo infanto-juvenil de ser bailarina (ya no de la injusticia de la naturaleza de haberla nacido en Huelva y no en Nueva York, pobre criatura) y de  la insatisfacción. Ella no se siente insatisfecha por no estar aún en la edad tardía.

¿Edad tardía? ¿Edad tardía? ¿De qué me sonará a mí lo de edad tardía? Me miro las manos, me intuyo la cara, personalizo, pienso, repienso. ¡Reconcholis! No, no es “tu” edad tardía, sino  Juegos de la edad tardía, la novela por la que nos hemos reunido esta noche y de la que tanto trabajo está costando hablar. A punto estoy de abrir la boca en otro intento de retomar el hilo de la novela cuando Marga, echando mano de su artilugio tecnológico depositado en sus posaderas, comienza a devolver recuerdos plasmados en nuestro antiguo blog y, así, empieza  a resurgir la carta que Pepa recibió por error de un preso con aquel final inolvidable: me despido de tinta de boli pero jamás de pensamiento; la que un Pedro enamorado, criador de pollos en la sierra de Huelva le escribió a una Ángela trasladada a la capital…

El afán es derribado por la nostalgia sin remedio y la cena coronada por unos pocos gin tonic y dos licores sin alcohol para celebrar el cumpleaños de Elena al día siguiente que, a buen seguro, las devolvió calentitas a casa junto con un regalito en papel sobre la novela, y unos tangas muy tangas  y rojos muy rojos, que recibieron de regalo, envueltos con amor todos, y otro con prisas…



Próximo encuentro: 28 de Enero
Organiza: Elena
Trae invitada: Pilar


Ya que fracasé en mi intento de que Luis Landero escribiera unas palabras para Hoy Libro, os dejo este regalo de Reyes:

Y recordad, Hoy Libro antes:
Un motivo para leer
Compartir lecturas
Orgullo
Dinámico, divertido
Curiosidad
Delicioso encuentro

Hoy libro ahora:
Un excusa para salir
El dibujo de una carita triste
Fiel e incondicional, delicioso encuentro
Expansión
Un signo de interrogación
Una excusa para conocer restaurantes nuevos


Sed felices, comenzad y terminad bien el año, y leed, leed, leed.



8 comentarios:

margarita dedos largos dijo...

¡No te metas con mi aparatejo tecnológico! ¡Mira con cuánto cariño captó imágenes de nuestra cena!

marga dijo...

Pilar, inmejorable el lugar de reunión, el regalo,los apuntes sobre la novela...y el acta. Mil gracias.

Comparto la frase sobre el tiempo que me dedicaste con letras de oro: "El futuro no es un regalo, es una conquista" (Robert Kennedy)

Cosmopolitan girl dijo...

Estimadísima Pilar De las Altas Cumbres:

Gracias por tan detallada y grácil rememoración de la última jornada lúdico-gastronómica-literaria, recuérdame que en la próxima asamblea general (D.m.) te proponga como Secretaria General Honorífica y Vitalicia (¡ayyy, que ya lo eres! ¡se me había olvidado! ¡se me nota la edad tardía!).

Yo, la conclusión que saqué (además de lo monas que sois todas) es que muchas veces los mejores debates surgen de "no-verlas" que no nos han gustado mucho, sino que el no coincidir anima la charla. A mí me gustó la tertulia, mira por dónde. Me pareció Dinámica y Divertida. Fue Un Delicioso encuentro y una Excusa perfecta para salir a Compartir lecturas con vosotras. Es un Orgullo haber tenido Un motivo para leer a Landero, por el que sentía Curiosidad, aunque se me quedara la Carita triste por no acabarlo a tiempo. He sido Fiel e incondicional, a este Delicioso encuentro en Expansión (¿?¿?¿?) permanente, para tener Una excusa para conocer restaurantes nuevos, y el tuyo todo un descubrimiento que habrá que repetir.

Y a la del ipad le perdonaremos su abuso táctil si sigue captando las imágenes para jolgorio general -aunque nos deje avergonzadas ad aeternun coronadas con bragas rojas-.

Sin más se despide su fiel admiradora

LA ENCUESTA dijo...

Hola, este mes he recibido (sólo) 4 votos. 1 Bueno, y 3 Normales.

pilar dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con Cosmopolitan girl: ¿recuerdas, querida, lo muchiiiiiiiiiiisimo que hablamos con mi "Albergue de las mujeres tristes"? Bendita equivocación je je

la bailarina dijo...

Gracias por el acta Pilar. Nos vemos al año que viene, chicas, que espero sea un maravilloso año. Seguro que mejor que el que se va.

Icris dijo...

Querida Pililebe, lamento comunicarte que a partir de la próxima reunión estaré incluida entre las que pasean sutilmente sus gráciles dedos por una pantallita, ya que ¡POOOR FIIIIN! Melchor ha escuchado mis súplicas (o este año he sido especialmente buena)

pilar dijo...

¡¡¡¡Que los dioses del Olimpo nos protejan!!!!

Ya veo a Pili y Mili de Santa Clara como dos adolescentes con sus aparatejos compitiendo a ver quién encuentra antes qué.

Me voy rauda a hacer un curso intensivo de meditación zen.