sábado, 6 de octubre de 2012

¿LAS APARIENCIAS ENGAÑAN?


El juego de las frases de la página 56 me ha llevado a sentir más curiosidad por el continente de los libros que leemos además de por el contenido. No me preguntéis por qué, el camino ha sido largo, intrincado y difícil de explicar. Una cosa te lleva a otra, y esa te arrastra a otra diferente...

El resultado es que llegué a cuestionarme cuántas veces la apariencia de una portada, o de un título, nos lleva a comprar un libro sin saber nada de su contenido. Si nos dejamos llevar por esas apariencias, a veces acertamos y otras no. Yo descubrí a un escritor que me encantaba, y del que no sabía nada, porque me gustó una portada que me llamó a voces desde un puesto de la feria del libro antiguo y de ocasión. Sin embargo estuve años sin comprar "El guardián entre el centeno" porque no me gustaba nada la portada. Otras veces me ha pasado lo mismo con el título de un libro, y me encandiló el contenido. O al revés. Porque los libros, como todo en la vida, también nos atraen o nos repelen por la primera imagen que tenemos de ellos. Hay flechazos que te salen ranas y ranas que se convierten en príncipes azules.

Y me pregunté: 

¿LAS APARIENCIAS (LITERARIAS) TAMBIÉN ENGAÑAN?

Así que me he decidido a diseccionar un libro de cabo a rabo. A ver cuánto de azar y cuánto de premeditación y alevosía hay en cada una de sus partes.

Empecemos por el envoltorio.

El primer contacto que tenemos con un libro es su TÍTULO. Supongo que los escritores se enfrentarán a él como nosotras cuando tuvimos que ponerle el nombre a nuestros hijos. Es algo que lo acompañará mientras viva y que tendrá que estar en consonancia con su personalidad. No es de extrañar que autores y traductores le dediquen tanta atención, ya que es la puerta de entrada para un mundo lleno de expectativas al que nos acercamos con deseo -o sin él-.

Los editores están enterados del tirón que puede suponer un título atractivo, y no dudan en modificar el original e imponer al autor uno que consideran más comercial, porque… ¿quién no ha pecado más de una vez y ha comprado un libro únicamente por las buenas vibraciones de su título?

Tras estas reflexiones investigué. Hay casos muy curiosos. Algunos autores siempre titulan sus libros siguiendo una pauta; por ejemplo, Vargas Llosa acostumbra a utilizar dos elementos: La tía Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras, La ciudad y los perros… Juan Carlos Onetti se inspiraba en nombres de óperas o canciones: El caballero de la rosa, La vida breve, La muerte y la doncella… Algunos autores podían llegar hasta límites insospechados, como el escritor argentino Abelardo Arias, que ponía siempre títulos construidos con 13 letras: De tales cuales, Polvo y espanto, Álamos talados… Otros los eligen concisos y cortos, para darle al lector únicamente una pista de lo que se va a encontrar dentro: Guerra y paz, 1984, Lolita, Los miserables... 

Aunque la mayoría busca frases contundentes:
"Crónica de una muerte anunciada"
"Sueño de una noche de verano"
"Cien años de soledad"
"El corazón de las tinieblas"
"Prohibido suicidarse en primavera"
"Los árboles mueren de pie"
"El coronel no tiene quien le escriba"
"Un tranvía llamado deseo"
"24 horas en la vida de una mujer"
"La importancia de llamarse Ernesto" 
"Un día perfecto para el pez plátano"
"El rastro de tu sangre en la nieve"
“La soledad era esto”
“La soledad de los números primos”
“Veinte poemas de amor y una canción desesperada”

También los hay que parece que no se resignan a resumir su libro en una o dos palabras, y les ponen un título largo y extraño buscando la manera de engancharnos y no dejarnos escapar, como aquel que leímos en uno de nuestros cumpleaños: “La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey”, o “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”...

Pero ese título, cuando acudimos a la librería a por él, va acompañado de una imagen en la PORTADA. Su diseño es lo que hace que nos decidamos a comprar un libro, entre los miles que llenan los estantes de una librería, sin saber nada de su contenido. Puro marketing, como casi todo. Las grandes editoriales tienen buenos diseñadores y las demás se apañan como pueden, lo que sí es verdad es que cada vez se cuidan más. Hay editores extremadamente cuidadosos con sus cubiertas, a las que convierten en imagen de su marca editorial, haciendo que sus libros sean reconocibles entre los cientos que pueblan las librerías. Es cierto que hay portadas muy bonitas que esconden una lectura poco agraciada y otras que, sin llamarnos especialmente la atención, guardan en su interior narraciones sublimes.

Pero hay cosas que no pueden faltar en una buena portada. Lo normal es que el título sea grande y fácil de leer. Algunas utilizan fotos, o cuadros, que sugieran el contenido del libro, en otras se realizan ilustraciones especiales, creadas únicamente para el libro del que se trata.


J.D. Salinger se pasó su vida escondido de los medios de comunicación. Pocos sabían si estaba vivo o muerto, y mucho menos qué cara tenía. Por eso no es de extrañar que pusiera una curiosa condición a los editores de “El guardián entre el centeno”, una de las obras más vendidas de todos los tiempos: no permitía que la editorial aportara en su material promocional ningún tipo de texto adicional, información biográfica, cita o reseña relacionados con esta obra, obligándolos a que fuera una sosa y poco atrayente portada blanca con unas letras rojas a gran tamaño. Quería que quien comprase la obra lo hiciera por su contenido, y no por técnicas de marketing.
Pero... en cuanto murió la editorial pudo cambiarla. El diseñador Manuel Estrada demostró en su rediseño un gran respeto por el autor, limitándose a poner unos tipos de imprenta levemente manchados de rojo... como si fuera el negativo de la anterior.

Una vez que hemos dado el visto bueno al título y portada le damos la vuelta al libro, y nos fijamos en la CONTRAPORTADA. Si es que hemos llegado hasta aquí y esta nos gusta, somos firmes candidatos a pasar por caja. En ella van a intentar despertar nuestro interés  y nuestra curiosidad, proporcionando un comentario sobre la obra no muy extenso y lo suficientemente atractivo como para que no podamos pasar sin leer el libro. Se suele resaltar alguna frase que sirva de gancho y que aluda a lo que aparece en el interior: amor, suspense, humor… Lo normal es que el comentario sea verídico y se ajuste al contenido de la obra, pero de todo hay en la viña del señor. Normalmente, en la contraportada no suele aparecer la biografía del autor, reservando la solapa para este fin, aunque sí se incluye su nombre y algún aspecto relevante como otros títulos publicados, premios recibidos o breves reseñas favorables aparecidas en medios de comunicación.

Y ahora, entre todas, podemos seguir ampliando esta entrada... ¿cuál es la portada que más os gusta? ¿Son siempre las sinopsis de la contraportada ajustadas a su contenido? (siempre recordaremos la que nos leyó Elena de su libro "Tía Julia y el escribidor") ¿hay alguna primera frase que os haya enganchado a un libro?

Fdo: el dúo LA LA

18 comentarios:

una del dúo la-la-la dijo...

recupero aquí la fantástica sinopsis de "Tía Julia y el escribidor" del libro de Elena:

"En el simple enunciado de su título la Tía Julia y el escribidor anuncia su rigurosa y simétrica estructura, desarrollada en dos niveles que corren paralelos en perfecta alternancia. Por un lado, la tía Julia, esto es la relación afectiva que pasará a ser amorosa del joven narrador; por otro y a modo de contrapunto a la vocación literaria de aquél, las aventuras urdidas por el escribidor Pedro Camacho, autor de seriales de radiotearo, en los que una manipulación delirante de la infracultura hispánica, llevada al paroxismo de la más grotesca truculencia por el progresivo deterioro mental de su autor, bombardeará desde las regiones plutonianas de la aberración intelectual los ideales flaubertianos del adolescente que es perplejo espectador, de la actividad del folletinista de las ondas.(...)"

Cristina dijo...

a mí, uno de los títulos que más me gusta es "el desorden de tu nombre", de Juan José Millás (y no me engañó la apariencia)... voy a releerlo, mira, que me han entrado ganas de diseccionarlo

Maria-Norte dijo...

Solo por rl título compré " Atlas de geografía humana " de Almudena Grandes.
Me ha encantado la entrada del "Duo" y me encantan los otros blogs de los que habéis puesto enlaces.

esperando una respuesta dijo...

¿y el Blues de Trafalgar? ¿qué os parece como título?

pilar dijo...

Un título como otro cualquiera. Muy anglosajón ¿quizás?

elemental, querida Watsan dijo...

BLUES hace referencia a los blue devils (diablos azules o espíritus caídos), la depresión y la tristeza...

...y DE TRAFALGAR a los habitantes o visitantes del cabo del mismo nombre, perteneciente al término municipal de Barbate, situado en la costa atlántica de la provincia de Cádiz. Se trata de un pequeño islote situado entre las ensenadas de Conil y Barbate unido al continente por un doble tómbolo de arena, que se considera el extremo noroccidental del estrecho de Gibraltar. Hay un faro, restos arqueológicos de una factoría romana de salazones y de un asentamiento hispano-musulmán.

En sus inmediaciones tuvo lugar el 21 de octubre de 1805 la célebre batalla de Trafalgar, en la que la escuadra franco-española fue derrotada por la inglesa al mando del almirante Nelson.

Forma parte de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA), con la categoría de monumento natural y bajo el nombre de Tómbolo de Trafalgar....

pilar dijo...

Ya, ya, yaaa. Quería decir, querida amiga-quien quiera-que seas-je je, que el título es muy anglosajón a posta, con un sentido por debajo del sentido primario. No sé si me entiendes. Independientemente de eso, me parece adecuado porque el blues tiene mucho de lo que desprende cada página.

marga dijo...

Todavía no he empezado con la lectura, pero "Blues de Trafalgar" me parece un nombre bonito para un libro. Si lo considero o no adecuado ya os contaré.

Y haciendo memoria, me resultó atractivo el título "El masajista ciego", de Catalin Dorian Florescu. Disfruté mucho el libro, aunque cuando acabé de leerlo tuve la sensación de que el título cumplía a la perfección su labor de atraer lectores, pero, aunque sí aparecía un masajista ciego en la novela, el título debería de haber sido otro.

YO, también, CONFIESO dijo...

...que en más de una ocasión me he dejado llevar por la apariencia de un libro.
Y confieso cierto sonrojo precisamente el día que ya lo confesé públicamente y una querida y admirada lectora me miró con cierta extrañeza...pero ya que estamos iré más allá: a veces ni siquiera me hace falta leer el título o la contraportada, ni siquiera ver la imagen de la portada, ¡el colmo de la frivolidad!...¡es el diseño en sí del libro lo que me pierde! No puedo evitar cierto cosquilleo cada vez que descubro esos cantos “rojo y negro” u “ocre y negro” con un hombre tirándose en picado desde...¿un acantilado?

Otra de mis tentaciones: cuando en la portada utilizan la obra de algún pintor. De “la obra maestra desconocida” (H.de Balzac) su Vermeer, de “La soledad era esto” (J.J Millás, ¡otra vez!)) su Hooper. Dos aciertos. Sin embargo tengo dos Modigliani irresistibles que no respondieron a mis expectativas , en este caso me pregunto si no fueron éstas demasiado grandes a tenor de lo que me gustan sus portadas. Lo revisaré.

No obstante estas pequeñas debilidades y otras tantas que callaré por no aburrir, yo confieso que es “Yo confieso” precisamente el título del primer libro que me he empezado a leer en formato digital, sin conocer en esta ocasión apariencia ni estética de la edición impresa y únicamente guiada por la confianza plena que tengo en quienes me lo han recomendado.
Ahora que escribo sobre esto me pregunto si además de las apariencias también nos engaña, a veces, la idea que nos hacemos de las personas en función de los libros que nos recomiendan ¿o no?

Anónimo dijo...

Habeis hablado de si un libro os puede resultar interesante si atendeis a vuesto sentido de la vista o del oido.

No sólo puede intrigar o apetecer un libro por un título que lees o has oido mencionar o por el colorido de su portada, tan atrayente a la vista, o por la simpleza de ambas cosas.

¿Nunca habeis sentido la necesidad de acariciar un libro antes de comprarlo e incluso de hojearlo? Algo que vas a tener en tus manos durante mucho tiempo tambien tiene que ser agradable al tacto. Y unos lo son más que otros.

Cristina dijo...

a mí me encanta tocar los libros, por eso me gustan mucho esos que están plastificados mate (la impresora dirá el término exacto). También es verdad, que una portada fea se puede "tunear", forrándola y poniéndola más mona ¿no? yo tengo una joyita guardada, "Un cadáver en la biblioteca" de Agatha Christie, forrada con un papel y con su título escrito con unas letras preciosas por mi padre. Nunca he tenido curiosidad por ver su portada real.

Cristina dijo...

P.D. por cierto, a YO también CONFIESO: espero que no te engañe la persona que te recomendó el libro (que fui yo), y lo disfrutes tanto como lo disfruté yo. Además, al leerlo en formato digital no te provocará la tendinitis que me provocó a mí, ¡porque mira que es gordo!

la confesadora dijo...

La pena es que no podré olerlo...¿Olor a papel reciclado o a tinta fresca? ¿A pegamento o a cartón? ¿Quizás a las manos de quien te lo prestó? ¿O tal vez a incienso tratándose de una confesión?...
Y si a ti te olió a crema antiinflamatoria ¡espero que a mí no me huela a quemao la bateria del ebook!

yo también me confieso dijo...

olía un poco a crema solar, tenía un tacto arenoso y un sabor saladito (sí, lo chupé, ¡qué pasa!)

Angela dijo...

Un título que me encanta es "LA VIDA ANTE SÍ" y cuando lees el libro te das cuenta que solo podría tener ese título, nunca otro. El protagonista es Momo, un niño sin edad que no conoce ni a su padre ni a su madre y que vive con una vieja prostituta. Su filosofía, como alguien dijo,"es la mas dulce y amarga del planeta", leyendo el libro lo mismo sonries que al momento siguiente te entristeces.... una forma de ver la vida y de narrarla como sólo puede hacerlo un niño, con una ternura y una dureza ambas desbordantes.

Su autor ganó con este libro su 2º Premio Concourt en 1975, un honor único, ya que este premio sólo puede concederse una vez. Anteriormente lo había ganado en 1956 con "Las raices del cielo". Hay que destacar que este autor sólo escribió 4 novelas en su vida. El jurado concedió el premio sin saber que el verdadero nombre de Emile Ajar era Romain Gary, ya que él siempre negó ser el autor. Sólo despues de su suicidio se supo, cuando su sobrino publicó una nota suya donde confesaba ser el autor de esas novelas.

Este libro ya lo recomendé anteriormente, pero no pierdo ocasión de hacer campaña, me parece una auténtica joya y como tal me gustaría compartirla con vosotras.

maria sur dijo...

Angela, no te lo creerás si te digo que precisamente anoche empecé a leerme “Las raices del cielo”. ¡Imagínate cuando esta tarde me he encontrado con tu entrada!
Y todo porque entre las estanterías me apareció el otro día un lomo suelto de cartón con restos de piel o semipiel oscura y letras doradas que decían “Los premios Goncourt de novela, III”. Recordé que pertenecia a un libro que hace tiempo me traje de casa de mis padres ¿pero dónde estaba el libro? Al fín lo encontré, camuflado y protegido por una funda para evitar mayor deterioro, y empecé a leer...Ya te contaré.

(Y prometo restaurar el lomo. De momento seguirá con su funda rossa de tejido elástico...moniiiiiíssima, como quien me la regaló)

Cristina dijo...

yo me he acordado de otra portada. Con él las apariencias no me han engañado en los titantos años que me acompaña: Platero y yo. Biblioteca de la juventud (Espasa Calpe). Edición ¡1936! ¡cuántas cosas pasaron ese año! No sabía el pobre Platero lo que se iba a encontrar cuando salió de los talleres. Es roja,de áspera tela, con sus letras y unos dibujos en relieve. Una mancha de humedad despinta la parte baja ¿qué se derramaría? ¿le caería una lluvia inoportuna?. En el interior platero está rehundido y pintado de amarillo ¡cuántas veces habré tocado ese relieve! subiendo por las patas hasta hasta tocar sus amarillas crines, para saber si de verdad era peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón... Sus páginas están unidas por unos esparadrapillos para que no se descuajaringue (¡sabrá dios de qué año es el esparadrapillo!)A mis manos llegó muuuuuuuuchos años después por el mismo que le puso los esparadrapillos. Algunas páginas tienen dibujos infantiles, rallajos (mea culpa, mea culpa, nunca supe tener las manos quietas teniendo cerca un lápiz)... Las apariencias no engañan, es un teletransportador espacial: es abrir el libro y verme con mi uniforme y mi coleta, las piernas cruzadas sobre la cama, enterándome de qué le pasaba a ese burrito tan mono. Es uno de los libros que me trasportan a mi infancia.

Me he ido a la página 56 (un vicio que he cogío hace poco): "La calle, recién encalada y ribeteada de almagra, verdea toda, vestida de chopos y juncias. Lucen las ventanas colgaduras de damasco granate, de seda amarilla, y en las casas que hay luto, de lana cándida, con cintas negras"

Cristina dijo...

He añadido en las portadas a mi Platero y sus esparadrapillos