CENA DEL 22 DE FEBRERO 2010
LUGAR: VICTORIA 8
ASISTENTES (12): ÁNGELA, CRISTINA, ELENA, ISABEL, MARGA, MARÍA SUR, MARIÓ, MARÍA DEL MAR, PEPA, PILILEBE, ROCÍO (JULIA CARLOTA)
INVITADA ESPECIAL: MANUELA
ORGANIZADORA: PILAR
A la organizadora de la última cena le gustaría comenzar este reportaje/crónica/ensayo/novela-negra-cómico-dramática con una breve sugerencia: amigas, no dejen que ninguna organizadora de ninguna cena de “Hoy Libro” se permita el lujo innecesario de explicarles los innumerables porqués de su retraso a la hora de plasmarla en el blog, aun cuando su retraso/ausencia/lapsus no precise de justificación alguna puesto que no existen estatutos donde tal circunstancia haya quedado registrada. No me alargo más en la introducción o, de lo contrario, mis avispadas amigas lectoras me recordarán el significado del adjetivo “breve” anteriormente utilizado.
Sin más, paso a dar cuenta de lo sucedido la noche de autos.
Cuando llegué estaban sentadas alrededor de una pulcra mesa redonda ese grupito que parece más bien pertenecer a alguna organización seudo-independentista-intelectual autodenominado “Las de siempre”, averigua tú por qué el nombrecito, acompañadas de la invitada de Margarita, de nombre Manuela que venían de "la precena". Besos, saludos, esas cosas que se hacen por mera educación en sociedades civilizadas como la nuestra. ¿Escuché, me parece recordar, decir a alguien lo monísima que yo estaba? ¿Se trató quizás de un mero halago formal? Prefiero pensar que no. ¡Ilusa pensará más de una al leerlo!
Mi habitual perspicacia me hizo saber apenas me senté que, en mi afán porque todo saliera a pedir de boca, me había equivocado de salón. “¡Hummm! Demasiado ruidoso”, me dije a mi misma esperando ilusamente que nadie más lo percibiera, mientras cruzaba intermitentemente los dedos de las manos y los de los pies.
"Me he perdido camino del restaurante", se excusó Elena cuando entró. ¿Entendéis ahora por qué elegí el restaurante que elegí? Aún así, hubo alguien que se perdió. O quizás no se perdió, sino que “la perdió” el barrio, este barrio que te obliga a caminar admirando su belleza.
Siendo como son la mayoría de ellas funcionarias, sus conversaciones en espera del resto de las asistentes, giran en torno a cuadrar presupuestos, ingresos, consejerías, crisis. Y siguen flotando en la charla las defenestraciones, la crisis, los paseos con colegas ¡pero sin chándal para que no resulte muy obvio a los ojos de los colegas! Más crisis, más consejerías, más crisis, más defenestraciones, más crisis… ¿Y los que no somos funcionarios? ¿De qué hablamos los que no somos funcionarios? ¿A qué tememos los que no somos funcionarios? ¿Con quién nos congraciamos los que no somos funcionarios? Preguntas sin respuesta pues se quedaron atoradas en la garganta de la que escribe. Tan silenciosa la organizadora casi como la invitada que, por timidez, educación o cautela no abrió la boca hasta que se le pidió. ¡Criatura!
Una voz dentro de mí me pide que sea ecuánime y no la excuse. Llegó tarde porque llegó tarde y punto. ¿E Isabel? Pues tres cuartos de lo mismo. ¿Acaso no hay que dar emoción a las cosas? Pues eso. La realidad es que la sufrida Rocío llegó antes y eso que venía de Santa Clara y en autobús. Antes que Marió, se entiende porque a Isabel no se le atisbaba su rubia melena ni por el principio de la calle. Çe la vie!
"¿Quién va a la exposición de Murillo a las siete de la tarde de no se sabe qué día?", se oye preguntar a una animada Cristina.
"Una bolla fumígena", se oye decir al otro lado de la mesa.
¡Dios! ¿Estará ya alguna bebida, pensé? ¿Qué será una bolla fumígena, me interrogué? ¿Una obra de arte? ¿Un código secreto entre “las de siempre”? ¿Un globo sonda? Pongo cara de entender todo y sonrío.
¡Dios! ¿Estará ya alguna bebida, pensé? ¿Qué será una bolla fumígena, me interrogué? ¿Una obra de arte? ¿Un código secreto entre “las de siempre”? ¿Un globo sonda? Pongo cara de entender todo y sonrío.
Llega la cena. No soy la tesorera pero soy una de esas sufridas que aún conserva en su retina cuando su madre le daba unos pares de pantis para que los llevara a la chica de la esquina a coger las carreras; que le daba nudos a los dedos de los guantes de látex cuando se rompían para ir tirando, y si ese día te pillaba de humor buscabas un hilo del mismo color para que no desentonara; que tuvo tele en blanco y negro hasta que el motor se quemó mientras ansiaba en silencio tener una como la de sus amigas en las que se veían a las azafatas de Valerio Lazarov con unos buzos preciosos de colores… ¡Qué dolor ver cómo sobra comida en cada cena de “Hoy Libro”! ¡Y lo que pagamos cada mes por lo que comemos y por lo que dejamos!

Cuatro ensaladas diferentes, una tapita de carne, otra de pescado, un postre y tira millas. Espero que la idea haya gustado.
Mientras completamos el grupo, sigue faltando una, propongo que hablemos de los corrillos que se forman habitualmente en las cenas; si les parece bien, si no es una falta de respeto para nuestras propias compañeras y para el invitado cuando tenemos. Que si eso sucede porque la mesa es alargada, que si somos muchas, que si lo anteriormente dicho no son más que excusas. Que a unas adultas como nosotras no hay que decirnos que nos callemos, que cada una debe saber que eso no está bien…
Manuela se presenta. Iba también a empezar a comentar el libro pero mejor no, la pobre. Vale, empieza Elena. ¿Se institucionaliza que empiece Elena cada mes? “Un mes sí y un mes no”, afirma la susodicha con cierta sorna. Llega Isabel. Besa a todas porque le gusta besar y, además, quiere saludar a la invitada.
-¿Y yo no ceno ensalada?
-……….
A Elena le ha encantado el libro porque, entre otras cosas, le encanta que le cuenten emociones. Sus relaciones en el trabajo, con sus hijos, su mujer. Le gusta que se verbalicen las emociones. No obstante, le ha costado un poco leerlo por estar escrito en forma de diario, para descubrir posteriormente que el autor lo hace para marcar sus pautas de vida.
Manuela lo había leído hace años pero el tiempo hace que le parezca otro libro. Entretanto se le quemó la casa y el libro desapareció en el fuego. La Manuela actual se reconoce mucho en el protagonista, le ha hecho plantearse formas de vida con el entorno, con los hijos. El libro le ha entristecido profundamente. "Es,concluye, como estar en la cima de la montaña y empezar a bajar".
Llegan un par de ensaladas extras para templar tardanzas.
A Rocío le ha gustado mucho. Le ha sorprendido que un hombre de 49 años estuviera a punto de jubilarse a lo que surgen aclaraciones de asistentes documentadas que informan de que en esa época en Uruguay había una profunda crisis. Le ha gustado mucho la fórmula del diario, aunque hacia la mitad el ritmo se ralentizó para volver a tomar fuerza después. Cuando el narrador nombra a su primera esposa, se hace Rocío una imagen muy distinta. Luego, su esposa irá ganando cuerpo. La relación con los hijos es un poco exagerada, a lo que Cristi la interrumpe para decirle que uno de los hijos es toxicómano y el otro un homosexual reprimido.
Pepa suele empezar su turno con un “el libro verás…” y esta vez nuestra púber no iba a ser menos. “El libro, verás, me ha gustado porque describe muy bien las emociones de un hombre. La vida para ella no es una cima, sino más bien un subeybaja, así, junto, como son los subeybajas de la vida, ¿verdad, Pepa? El libro le ha gustado mucho, mucho. Le recuerda un poco a Querido Miguel.
A Marió también le ha gustado pero la ha puesto triste, muuuy triste. Cristi dice que más que triste, quizás el adjetivo correcto sea anodino. A ella, en cualquier caso, le ha dado mucha pena y no le gusta la fórmula de diario.
A Angela le ha gustado también. No se siente identificada porque no se ve con ese pesimismo pero sí con la sensación de perdida que ella tan bien conoce.
-La vida es una especie de tregua, luego está la actitud –afirma seria.
Le ha encantado el modo en el que está escrito, el amor que siente por su compañera de oficina, así como la descripción que Avellaneda hace de los distintos tipos de amor, cogiendo el libro y leyéndolos.
-La vida es una especie de tregua, luego está la actitud –afirma seria.
Le ha encantado el modo en el que está escrito, el amor que siente por su compañera de oficina, así como la descripción que Avellaneda hace de los distintos tipos de amor, cogiendo el libro y leyéndolos.
A Isabel no le gusta el formato diario por parecerle algo que debe ser íntimo. Pepa interrumpe para decir: “Me gusta la cena así, ligera.” (Recuerdo que ya andábamos degustando la tapa de carne). Isabel se pone triste con la historia, le parece triste, tremenda. Le ha gustado que lo íntimo, íntimo se lo guarde para él. Le gusta cómo describe el amor entre el narrador y Laura.
A Cristina le ha encantado, y el hecho de que exista una tregua. La felicidad no te das cuenta de que la has tenido hasta que ya ha pasado y afirma que la persona que comienza el libro y quien lo termina no es la misma. Una vida muy triste al principio que, a lo largo de la novela, va descubriendo lo que realmente le gusta. Hay que quedarse con la esperanza. Ángela añade lapidariamente: “Es la vida misma”.
En ese momento, el camarero nos sirve el pescado.
A Marga le ha gustado mucho, aunque la segunda mitad no le ha gustado tanto. Le costó más trabajo leerla. “Un poco pastelero”, afirma, a lo que Elena mete baza y dice que le han gustado mucho las expresiones, especialmente “programa” (todas están de acuerdo). Sí, el autor habla de Dios, la soledad, el capitalismo, relaciones de trabajo, la rutina de un modo amplio, pero Marga no ve un trasfondo triste.
A María (María Sur cuando no está María Norte) le ha encantado y más por el hecho de que esté escrito en forma de diario; la ironía, las expresiones, el contenido… todo, le ha dejado una impresión de optimismo. Para ella, el hecho de que él pueda elegir, jugárselo todo a una carta, es una reflexión que la lleva a decir que nosotros podemos controlar nuestras vidas. Ve comunes las sensaciones que se dan en el libro. Habla de “las clandestinidades” de los personajes, la angustia del qué dirán. La importancia que el autor da a las palabras, por ejemplo “fallecer” y “morir”. Elena afirma que otra cosa que le ha encantado es cómo va ganando en la relación con sus hijos.
A Mar le costó trabajo al principio por la fórmula de diario. Ve en el protagonista a una persona gris, monótona que conoce a la chica y con ella llega la tregua. No se puede comparar la relación que tuvo con su esposa que la que tiene con su compañera de trabajo. La relación distante con sus hijos; le choca mucho que el protagonista no entre en la homosexualidad de su hijo, lo que da pie desde distintos ángulos de la mesa a opiniones-reflexiones-información histórica paralelas sobre el tema. Menciona el lenguaje usado y destaca que no entiende qué quiere hacer el protagonista cuando se jubile. Menos mal que tiene a Marga al lado cual bombera torera para informarla de que el buen hombre cuando se jubile hará, simplemente, lo que le plazca. Y si Marga no se lo ha dejado claro, la tesorera bombera se lanza
al desafío para decirle lo mismo pero con otras palabras. ¡Ole la riqueza lingüística del grupo! A Marga le gusta “rubro”: rojo, encarnado.
Pilar se sintió conmovida con una historia que le tocó el universo de las emociones y le hizo reflexionar sobre las relaciones, los deseos y las metas finales, las relaciones de nuevo, lo que uno puede controlar de su vida y lo que no. “La vida misma”, que tan sabiamente había ya dejado caer Ángela como una losa. El lenguaje maravilloso, el ritmo, la ironía, la cadencia le encantaron.
Llegan las bandejas de postres variados y, casi paralelamente, el debate abierto que resultó rico, ameno, extenso y participativo durante el cual se colaron algunas perlas que no me perdonaría no incluir.
La primera es de Rocío quien andaba un buen día colocando ropa a secar por los radiadores de su casa en este hostil invierno sevillano cuando, de buenas a primeras, una de sus hijas le pregunta-afirma-trauma-golpea verbalmente: “Mamá, ¿tú pensaste alguna vez que tu vida iba a ser así?” ¿La he transcrito correctamente, Rocío?
El niño uruguayo real de la historia real de Ángela que un día, en el coche, va y se tira un pedo.
-Chiquilín, ¿ya te desgraciaste? –le pregunta un familiar.
-No, yo no fui.
-Ya me parecía a mí mucha desgracia para tan poco chiquilín
-Chiquilín, ¿ya te desgraciaste? –le pregunta un familiar.
-No, yo no fui.
-Ya me parecía a mí mucha desgracia para tan poco chiquilín
¿Y qué decir de esa fijación, provocación, ingenuidad, astucia de nuestra Marga quien, en una novela sí y en otra también, ve claros indicios de …¿relaciones anormales? para resultar discretas?. Tenemos que tratar este punto con nuestra querida amiga.
Y nuestra tesorera que, dicho por ella, “sin calculadora no soy nadie”. ¡¡Y tanto, hija!! ¡Y tanto! Que si te debo dos euros, que si dame tres, que si devuélveme cinco, que si… ¡Qué follón euril, que poco más y si nos queda la pobre bizca como Lina Morgan! Menos mal que duerme por fin con la certeza absoluta de que no hay morosas en el grupo.
Nos sacamos la foto de rigor, Marió se puso el casco que tan amorosamente le tendió su amoroso marido. ¡No van a dar envidia ni ná esta pareja latina en los Dublines! ¡Qué tiemblen los descendientes de Joyce! Las demás nos dimos besos entre nosotras, que nos bastamos y nos sobramos y cada una en una dirección, como la noche manda.
Yo, ahora me tomo una tregua y os dejo con unos besitos trianeros llenos de humedá y verdina que ya los quisieran pa ellos los islandeses. Aurrevoir!
