¡Ay, Septiembre, septiembre!
¡Ay, los libros y los deseos y los amigos y los reencuentros y la vida que viene y va!
¡Ay, qué bueno Hoy libro de nuevo!
Bienvenidas, chicas.
Ahí os dejo dos regalitos, no sea que me
hayáis vuelto con la depresión post vacacional y no sepáis qué hacer con
vuestras inconmensurables vidas en ámbar estos primeros días de mes.
Aquella noche de setiembre, fuiste
tan buena para mí... hasta dolerme!
Yo no sé lo demás; y para eso,
no debiste ser buena, no debiste.
Aquella noche sollozaste al verme
hermético y tirano, enfermo y triste.
Yo no sé lo demás... y para eso,
yo no sé por qué fui triste... tan
triste...!
Solo esa noche de setiembre dulce,
tuve a tus ojos de Magdala, toda
la distancia de Dios... y te fui dulce!
Y también fue una tarde de setiembre
cuando sembré en tus brasas, desde un
auto,
los charcos de esta noche de diciembre.
(Poema de César Vallejo)
